Una foto de mierda
Subí esta foto a Twitter como parte de una broma con los fotógrafos David de la Iglesia y Vicente Alfonso. Dos días después la foto tenía más de 87.000 visualizaciones, casi 10.000 interacciones y 646 me gusta -muchas más que cualquiera de las fotos serias que comparto a diario en la mencionada red social. Entre la media centena de comentarios hubo de todo, desde quien se indignó porque estaba engañando a la gente hasta quien me preguntó por las condiciones de la captura para "desenmascararme". Por supuesto hubo bastante gente que se dio cuenta desde el primer minuto y se sumo a la broma. Pero lo que me fascina es esa enorme cantidad de gente que vio la foto, le dio a me gusta e incluso comentó lo maravillosa que era esta imagen.

Porque la foto es, digámoslo claro, una mierda. Es un montaje que creé en cinco minutos con Luminar AI, una imagen de la Vía Láctea perteneciente a ese programa y una foto diurna de la Gran Vía que tomé hace unos años. Cualquiera que mire la foto en detalle por más de treinta segundos observará que no hay una sola luz encendida en la calle -por lo que debió ser tomada de día- y que incluso de noche la contaminación lumínica de una zona tan céntrica de Madrid no permitiría registrar las estrellas. De hecho no sé ni siquiera si es posible que la Vía Láctea aparezca en la posición en la que la represento en mi foto.

Entonces, ¿cómo es posible que una foto que es un burdo montaje haya alcanzado tal popularidad? No soy Fontcuberta así que me ahorraré hablar acerca de la posfotografía pero se me ocurren varias explicaciones relacionadas. Una es que se trata de una imagen que combina dos motivos muy populares en fotografía, la Vía Láctea y un lugar icónico. Otra es la forma en que se consume fotografía hoy en día; esta foto muestra todos sus defectos en cuanto se la observa a un tamaño razonable y durante un tiempo mínimo. Sin embargo estoy bastante seguro de que la gran mayoría de las personas han visto la foto en un dispositivo móvil durante un par de segundos, a una resolución y tamaño que favorecen la impresión inicial y perjudican una revisión más reposada. En realidad no puedo criticar ese comportamiento porque yo soy el primero que lo ha hecho en infinidad de ocasiones; precisamente ésa ha sido la causa por la cual casi he dejado de consumir fotografía en Instagram, un medio perfecto para quedarse con la forma y no el fondo.

Podría hablar acerca de las implicaciones que tiene el consumo masivo de información en redes sociales sin un mínimo espíritu crítico pero se escaparía del propósito de esta entrada. Si tengo que conseguir un beneficio de esta foto -no económico, aunque ya he visto algunas fotos similares que se venden en páginas de stock- que sea convencer a una sola persona de que, cuando le guste una foto, se pare un rato en ella y la admire al mayor tamaño y durante el mayor tiempo posible. Es la única manera de no acabar admirando fotos de mierda. Como la mía.

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