Siempre he tenido la impresión de que a Leica le importan poco o nada no sólo las modas sino lo que el público piense de ellos. Leica no fabrica cámaras, fabrica objetos de deseo como bien sabe cualquiera que esté al tanto se sus productos y sus precios.
Por eso, en retrospectiva, no debería extrañarle a nadie lo que sucedió en 2013 cuando la casa alemana comenzó a hablar de una "mini M": los rumores se dispararon tanto como la fantasía de los fanáticos de la marca. ¿una verdadera M con un tamaño reducido? ¿Una cámara mirrorless compatible con objetivos M? Cuando la cámara fue por fin presentada con el nombre X Vario, muchos no escondieron su decepción: una cámara compacta APSC de 16 Megapixeles, sin visor y con un zoom poco luminoso (equivalente a 28-70 f/3.5-5.6) por un precio que rondaba los 3.000 dólares. La cámara recibió una enorme cantidad de críticas y la casa germana no volvió a fabricar ninguna otra compacta del estilo.
Sin embargo siempre hubo algo en esa cámara que me llamó la atención. Tal vez era el recuerdo de la buena experiencia que tuve con la X2, tal vez la posibilidad de usar una verdadera Leica -y no las Panasonic remarcadas de la serie D-Lux- por un precio que no me arruinase o tal vez las alabanzas que la cámara recibía por parte de todos aquellos que tuvieron la posibilidad de usarla durante un tiempo. Cualquiera que fuese la razón, finalmente conseguí hacerme con una Vario por un precio aceptable -tras una larga búsqueda, las Vario no suelen salir a la venta.
Como es habitual, no voy a entrar en detalles técnicos porque los podéis encontrar en miles de sitios web; en su lugar hablaré de mi experiencia con ella durante el casi año y medio en que ha estado a mi lado. La cámara -y esto es subjetivo, por supuesto- es bonita, muy bonita. Su diseño recuerda a las Leica M más que a sus "hermanas" de la serie X. Esta línea clásica se rompe si se añade el visor EVF 2 que se puede conectar al puerto de flash y que, reconozcámoslo, es un horror; por eso suelo disparar desde la pantalla salvo que las condiciones ambientales me obliguen a usar el visor. Por cierto, tal y como pasa con el resto de las X, el carísimo visor de Leica se puede reemplazar por el Olympus VF-2 no porque sean compatibles sino porque en este caso el visor de Leica es el propio Olympus remarcado y vendido a un precio superior. Ya se sabe, el poder del punto rojo.
A pesar de carecer de empuñadura de agarre se me hace muy cómoda y equilibrada en la mano. Por otro lado, lo que tiene de cómoda a la hora de disparar lo tiene de incómoda a la hora de manejar las opciones: sólo hay acceso directo a las opciones de ISO, para casi cualquier otro parámetro es necesario pulsar los botones al menos dos veces con lo cual procesos como cambiar el punto de enfoque o el tipo de medición de la exposición se hacen cuando menos engorrosos. Las ruedas de cambio de apertura y tiempo de exposición se encuentran en la zona superior de la cámara lo que obliga a soltar el objetivo a la hora de cambiar los parámetros. Además, como ya he comentado, el objetivo no es precisamente luminoso y sólo mantiene la máxima apertura en la sección inferior del rango focal; el estabilizador no va a ser tampoco de gran ayuda porque es digital en lugar de físico.
Con todo lo que he comentado en el párrafo anterior, ¿quién querría gastar una buena cantidad de dinero en esta cámara? Ya he comentado que Leica no vende aparatos de fotografía sino algo más etéreo que no va a estar justificado por la relación calidad/precio... salvo que estemos hablando del Vario-Elmar que monta esta cámara, reconocido por algunos como una de las mejores lentes jamás fabricadas por Leica. Esta es probablemente la única cámara con la que podría publicar los archivos RAW sin necesidad de editarlos: el color, la nitidez y ese elusivo "efecto 3D" que sólo las cámaras alemanas pueden proporcionar hacen que cada foto sea una pequeña joya de matices y luminosidades.
Pero donde la Vario me gana es en el blanco y negro. Se habla mucho de las Leica M Monochrom pero sospecho que los jpeg que salen de esta cámara no tienen nada que envidiar a los de sus primas mayores y no soy el único que lo piensa. Para muestra, las siguientes fotos.
En agosto de 2019 compré la Vario con la intención de probarla y venderla tras un tiempo -una ventaja de Leica es que sus cámaras mantienen un precio de reventa superior al de otras marcas. Algo más de un año después no sólo no la he vendido sino que probablemente la he usado más que cualquier otra de las cámaras digitales o de película que poseo, incluida la que se supone es mi cámara principal, la Fujifilm X100F. El patito feo de Leica se ha convertido en el cisne de mi colección.
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